Más economía solidaria : ¿Y si… se crearan campos de “concentración sin lágrimas”?

Imagen suministrada por el autor.

Por: Darío Castillo Sandoval [*] @dario7castillo

En marzo del año pasado mi papá me preguntó qué pensaba de lo que vendría para el mundo tras el Covid 19 en cuanto a cambios en la vida diaria. Yo le respondí que lo más previsible era que nos iban a terminar exigiendo una suerte de cédula para certificar el estado de salud y si hubiese ya vacuna, ese documento serviría para indicar que ya estábamos vacunados. Sin ese documento no podríamos hacer muchas cosas y serviría para controlar a la población de muchas maneras, más aún que los documentos de identidad, las tarjetas de crédito y los pasaportes.

Predecir esto no fue cuestión de videncia sino de evidencia. El capitalismo del desastre que describió Naomi Klein en su libro “La Doctrina del Shock” (Booket 2012) me dio las pistas para entender que estábamos ante una nueva situación, algo más grande que el ataque del 11/9 o la crisis económica internacional del 2008. Esto es como una película con un guión que termina siendo un poco predecible. No se trata de creer o no creer en teorías de la conspiración, es simplemente de entender los tiempos a la luz de los acontecimientos históricos, los cambios sociales y las cifras económicas entre otras variables.

En menos de una semana he mostrado mi pasaporte de vacunación en tres ocasiones aquí en Montreal y observo cómo se empiezan a hacer más exigentes las medidas de control al respecto de la salud pública en todo el mundo como era de esperarse. Ante la confirmación del pronóstico del año pasado, mi papá y mi mamá de 85 y 76 años respectivamente, quiénes sobrevivieron juntos al Covid 19 hace un año en una pequeña población al sur del continente, me volvieron a preguntar: Según tu criterio, ¿Qué crees que vendrá en esta “nueva realidad”? Respondí que esperaba equivocarme, pero podrían llegar los territorios para los no vacunados. Por supuesto, es una elucubración que requiere más análisis, pero me baso en el hecho de que habrá mucha gente que preferirá no vacunarse so pena de que sean excluidos del sistema.

No es broma ni exageración. En menos de seis días una familia vecina se devolvió para su país de origen después de llevar más de 15 años en Canadá porque sienten que en su patria de nacimiento los controles a la libertad serán menores que aquí en Quebec; otra familia está vendiendo todo lo que tiene para trasladarse a un país donde puedan estar juntos si los controles a la movilidad de los no vacunados se hacen más exigentes.

Ojalá me equivoque, pero eso que algunos teóricos de la llamada teoría de la conspiración están mencionando cuando dicen que vienen “los campos de concentración sin lágrimas” (ver Tweet de Daniel Estulin de 2020), puede hacerse realidad en poco tiempo. Si alguna vez leíste “1984” de Orwell, “Un mundo feliz” de Huxley, entre otros textos similares, podrás encontrar ciertas coincidencias con el mundo actual.

En síntesis, si la distopía se vuelve realidad ¿Qué hacer? Co construir desde la economía solidaria. Imagínense una ciudad cercada donde sus habitantes no puedan salir libremente sino bajo estrictas medidas de seguridad por no tener la vacuna. Un territorio dependiente del exterior y de su propia capacidad de auto gestión. Por supuesto, parto del hecho que a los confinados les dejarán la posibilidad de elegir su modelo de sociedad.

Aquí emerge de nuevo la propuesta de los falansterios de Charles Fourier y las aldeas cooperativas de Robert Owen por citar solo algunos ejemplos.

En esta ocasión se trataría de una sociedad donde todos caben pues no tienen de otra que caber. No tienen alternativa diferente que la de organizarse colectivamente y organizar su vivienda y sustento. ¿Propiedad privada? Sí, pero colectiva pues no habría mucho espacio para la especulación, ni inmobiliaria ni financiera.

Sería una suerte de “villa solidaridad” con viviendas cooperativas, hogares geriátricos solidarios, finanzas sociales, cultura de la donación y del truque, servicios sociales colectivos, ecosistemas de emprendimiento mutual, redes de prosumidores y otras prácticas que ya conocemos, que existen hoy en día de manera marginal o desconocida para muchos, pero que también son la realidad de muchos otros en el planeta.  

Dejo hasta aquí por ahora la reflexión, no sin antes invitar a que, sin pasar la franja de la locura, empecemos a planear el futuro de los territorios en los planes de desarrollo municipales y departamentales teniendo en cuenta estas hipótesis que hace unos años eran descabelladas pero que hoy emergen como posibles escenarios de un futuro que tal vez no sea distópico, pero sí será muy diferente.

Economía solidaria, por aquí es el camino.

 

[*] Dario Castillo Sandoval: Economista y magíster en desarrollo rural (U Javeriana – Colombia). Estudiante del DESS en planification territoriale et développement local (UQAM – Canadá). Ha sido director del grupo de investigación y estadística y del grupo de economía solidaria del Dansocial; director de la Unidad de Estudios Solidarios y profesor asistente de la Universidad Javeriana; presidente ejecutivo de la Confederación de Cooperativas de Colombia – Confecoop y director ejecutivo de la Corporación Red Unicossol. Actualmente es miembro del consejo nacional de planeación por el sector social y miembro de la Red Unicossol, en Colombia. Es miembro de CIRIEC Canadá y es asesor de economía solidaria de la École des entrepreneurs du Québec en Montreal, ciudad donde reside desde 2018.


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